EXPANSIÓN DEL ESTADO DEL BIENESTAR

La expansión del Estado del bienestar ha sido influenciada por una variedad de factores económicos, políticos y sociales que han moldeado sus objetivos y su legitimidad a lo largo de su evolución.

Factores económicos

En términos económicos, después de la Segunda Guerra Mundial, la necesidad de abordar los desafíos asociados con la falta de crecimiento económico y el desempleo, así como la corrección de las desigualdades en la distribución del ingreso, condujo al surgimiento y desarrollo del Estado del bienestar. Este sistema proporcionó una forma más eficiente y duradera de alcanzar estos objetivos económicos en comparación con la intervención exclusiva del mercado. Además, al socializar el gasto en áreas como educación y salud, el Estado del bienestar contribuyó a reducir los costos laborales para el capital y a mejorar el equilibrio entre salarios directos e indirectos.

La teoría keynesiana respaldó los beneficios de una mayor intervención estatal, lo que generó una demanda creciente de políticas de bienestar en los Estados europeos. Sin embargo, durante la crisis de los años setenta, se evidenciaron las limitaciones y precariedades de los sistemas de bienestar, especialmente debido a la presión financiera causada por el desempleo y el aumento del gasto social. Este contexto llevó a un cuestionamiento de la intervención estatal en la economía y el propósito de mantener sistemas de bienestar que, aunque ofrecían más beneficios, se alejaban de sus objetivos originales y se convertían en un instrumento más para la estabilidad económica.

A pesar de estos desafíos, el Estado del bienestar se percibe como esencial para el funcionamiento de una economía desarrollada, ya que contribuye significativamente a la estabilidad macroeconómica y al desarrollo económico a través de su impacto en el consumo y la inversión en capital humano y servicios sociales. Aunque pueden surgir debates sobre su eficacia y justificación de ciertos elementos, el núcleo esencial del Estado del bienestar, vinculado a la garantía de niveles mínimos de bienestar, es generalmente aceptado y no se cuestiona su existencia.

Factores políticos

Los factores políticos también jugaron un papel crucial en el desarrollo del Estado del bienestar. La legitimidad del Estado para intervenir en la economía no solo se fundamentó en la propagación de la teoría keynesiana, sino también en los procesos de democratización que garantizaban derechos políticos, económicos y sociales a los ciudadanos.

En este contexto, el Estado asumió un papel fundamental en la facilitación de la integración social mediante la expansión de servicios públicos como la sanidad, la educación y las pensiones a prácticamente toda la población. Esto marcó un cambio significativo, ya que la responsabilidad del bienestar de los ciudadanos pasó del ámbito familiar al Estado, lo que generó una creciente expectativa de intervención estatal para garantizar el bienestar social, aunque no fuera el productor directo de los bienes necesarios para lograrlo.

La intervención estatal también contribuyó a la integración de las organizaciones obreras en el sistema capitalista, lo que ayudó a evitar transformaciones abruptas en el sistema político y permitió una síntesis entre la libertad económica y la igualdad social.

Es comprensible entonces que Marshall, en 1950, considerara que el Estado del bienestar representaba la realización de los derechos sociales, después de que los derechos civiles (siglo XVIII) y políticos (siglo XIX) fueran reconocidos. Por lo tanto, el crecimiento del gasto público se convirtió en una consecuencia lógica de la extensión de los derechos de ciudadanía.

Al institucionalizar los derechos sociales, el Estado del bienestar contribuyó a una mayor estabilidad política y al mantenimiento de la paz social al fomentar una mayor interacción social y legitimidad del sistema económico.

Factores sociales

Diversos factores de índole social han influido en el desarrollo y expansión del Estado del bienestar. Entre estos factores se encuentra la incapacidad de la población trabajadora para hacer frente a su mayor vulnerabilidad como consecuencia de su participación en los procesos productivos. La proliferación de una masa trabajadora cada vez más numerosa y desprotegida también ha sido un elemento clave, así como la ampliación de todas las fuerzas sociales, incluidos trabajadores, sindicatos y empresarios, cuya expansión y desarrollo han contribuido de manera efectiva a la articulación de su propia fuerza reivindicativa en materia social.

La extensión progresiva de los derechos de los ciudadanos en el ámbito social ha llevado a un aumento del número de personas que pueden acceder de forma gratuita a un amplio catálogo de prestaciones sociales. Esta universalidad hace necesario que sean las instituciones públicas las que garanticen el acceso equitativo y sin discriminación a dichos servicios, permitiendo así la plena integración y participación activa de todos los ciudadanos en la sociedad.

En lugar de basarse en una prueba de recursos o en la situación especial de riesgo derivada de la participación en el proceso productivo, el suministro de servicios y prestaciones se ha ampliado cada vez más, ofreciendo beneficios no solo a aquellos que carecen de recursos o a los trabajadores y sus familias, sino a toda la población, considerando estos beneficios como un derecho inherente a la condición de ciudadano.

Las teorías explicativas del desarrollo del Estado del bienestar desde la perspectiva de la demanda de bienestar social ofrecen diversos enfoques. La teoría del industrialismo destaca los factores socioeconómicos como determinantes principales, mientras que la teoría socialdemócrata enfatiza las luchas sociales y políticas del movimiento obrero organizado. Por otro lado, la teoría neomarxista sostiene que el Estado del bienestar sirve a los intereses de la clase dominante, y la teoría política corporatista o de grupos de interés resalta el papel de estos grupos en la articulación de necesidades colectivas y políticas públicas.

  • Factores Sociales en el Desarrollo del Estado del Bienestar:
    • Incapacidad de la población trabajadora:
      • Participación en procesos productivos aumenta vulnerabilidad.
      • Masa trabajadora numerosa y desprotegida.
    • Ampliación de fuerzas sociales:
      • Desarrollo y expansión de trabajadores, sindicatos y empresarios.
      • Contribución a la articulación de fuerza reivindicativa en lo social.
    • Extensión de derechos ciudadanos:
      • Progresiva ampliación del acceso gratuito a prestaciones sociales.
      • Universalidad garantizada por instituciones públicas para integración plena.
    • Cambio en suministro de servicios:
      • De pruebas de recursos a prestaciones extendidas a toda la población.
      • Reconocimiento de beneficios como derechos inherentes de ciudadanía.
Teorías explicativas desde la perspectiva de la demanda de bienestar social

Teoría del Industrialismo.Esta teoría enfatiza los factores socioeconómicos como los principales determinantes del Estado del bienestar. Sugiere que el desarrollo industrial y tecnológico conlleva a un aumento en el gasto en bienestar. La industrialización expone a la población a nuevos riesgos y desafíos, debilitando los mecanismos tradicionales de asistencia social como la familia y la caridad. La creciente incorporación de la mujer al trabajo también influye en esta dinámica. En este contexto, el Estado responde a las nuevas necesidades generadas por la industrialización, y su intervención se percibe como neutral desde el punto de vista político. El crecimiento económico proporciona los recursos necesarios para financiar la expansión del gasto social.

La Ley de Wagner postula que el desarrollo económico contribuye al aumento del gasto público, ya que las sociedades complejas generan más conflictos que requieren intervención estatal. Además, la elasticidad de la renta de los bienes públicos sugiere que su consumo aumenta más que proporcionalmente con el incremento de la renta de los países.

Desde esta perspectiva, el crecimiento del Estado del bienestar se explica por factores económicos y demográficos asociados al proceso de industrialización, como la demanda de una población más educada, cambios en el modelo familiar, el envejecimiento poblacional y la urbanización.

Algunos académicos recurren a la «teoría de la convergencia» para respaldar estos planteamientos, argumentando que los países desarrollados con regímenes democráticos experimentan un rápido crecimiento del gasto social y convergen en programas básicos de protección.

Sin embargo, esta teoría presenta debilidades al no poder justificar completamente el crecimiento del gasto público, dar poca importancia a los factores políticos e institucionales que influyen en la expansión del gasto social, y no explicar las diferencias en los programas sociales entre diferentes países, ni la aparición de grupos que se oponen a las políticas del Estado del bienestar o su crisis.

Teoría Socialdemócrata. Esta teoría, también conocida como hipótesis de los recursos en el poder, analiza el impacto de las ideologías en el desarrollo del Estado del bienestar. Se centra en la movilización de clase y la influencia de la ideología en el Estado del bienestar, considerando variables políticas como la ubicación del partido gobernante en el espectro izquierda-derecha y el grado de organización del movimiento obrero.

Según esta teoría, el Estado del bienestar es el resultado de las luchas sociales y políticas del movimiento obrero organizado a nivel político y sindical. El control de la clase trabajadora sobre el gobierno permite la intervención estatal en los procesos distributivos, convirtiendo al Estado del bienestar en un componente esencial del compromiso de la clase capitalista con el movimiento obrero.

Sin embargo, esta teoría no explica completamente la efectividad de las políticas redistributivas de los gobiernos socialdemócratas, ni considera otros factores importantes como la etnia, la raza o la religión en el desarrollo del Estado del bienestar. Además, no explica por qué crece el gasto en pensiones o la influencia de ideologías dispares en los gobiernos sobre el Estado del bienestar, ni el comportamiento del Estado del bienestar en determinados períodos históricos.

Teoría Neomarxista. Según la teoría neomarxista, el Estado del bienestar sirve a los intereses de la clase capitalista tanto desde una perspectiva económica como política. Económicamente, permite la reproducción y acumulación del capital al garantizar la estabilidad social necesaria para el funcionamiento del sistema capitalista. Políticamente, neutraliza la lucha de clases al integrar a la clase trabajadora en el sistema capitalista y reprimir cualquier protesta que pueda surgir. Desde este punto de vista, el Estado actúa como un instrumento controlado por la clase dominante para mantener el orden social y garantizar la supervivencia del capitalismo.

Sin embargo, esta teoría presenta debilidades significativas. No profundiza en las causas últimas de la crisis del sistema capitalista y la intervención estatal, y carece de un respaldo empírico suficiente. Además, tiende a marginar otras formas de protección social que no están relacionadas directamente con el mercado y el Estado, como el papel de la familia o las organizaciones no gubernamentales (ONG). No logra explicar las similitudes entre los modelos de Estado del bienestar en países socialistas y capitalistas, ni por qué países como Estados Unidos, Japón o Suiza tienen un gasto en bienestar relativamente bajo. Tampoco puede explicar por qué se implementan medidas sociales que van en contra de los intereses de la clase capitalista en ciertos contextos.

Teoría Política Corporativista o de Grupos de Interés. Esta teoría destaca el papel fundamental que juegan los grupos de interés en la articulación de las necesidades colectivas y la formulación de políticas públicas. Estos grupos pueden influir en el proceso político y condicionar sus resultados, incluso sin necesidad de participar directamente en elecciones, al buscar sus propios intereses. La captación del voto de estos grupos es crucial para los políticos, ya que su influencia puede extenderse a otros sectores de la sociedad mediante un «efecto imitación». Además, grupos numéricamente o económicamente significativos pueden respaldar opciones políticas afines y proporcionar información relevante a los votantes y políticos, lo que puede sesgar las decisiones políticas.

Según autores como G. FOX, M. OLSON, F. C. PAMPEL y J. B. WILLIAMSON, los cambios demográficos y económicos facilitan la aparición de nuevos grupos de interés y la aglutinación de intereses existentes, lo que influye en el gasto en bienestar. Este crecimiento del gasto en bienestar está asociado a la actividad de los grupos de interés y la inclusión de colectivos anteriormente excluidos del proceso político, quienes reivindican programas sociales que beneficien sus intereses específicos, a menudo financiados por toda la población.

Sin embargo, esta teoría sugiere que aunque el Estado del bienestar responde a las demandas de sus votantes, puede contribuir a aumentar la desigualdad, ya que los grupos con menos recursos tienen dificultades para articular y defender sus intereses de manera colectiva. Por ejemplo, esta teoría puede explicar el énfasis en el gasto social destinado a los ancianos debido a su influencia en los procesos electorales, así como la promoción de programas públicos contra la pobreza por parte de los sindicatos.

Las principales debilidades de esta teoría radican en la dificultad para medir el impacto de los grupos de interés en la acción del sector público y en comprender los mecanismos políticos a través de los cuales hacen valer sus intereses. En resumen, las teorías explicativas de la expansión del Estado del bienestar desde la perspectiva de la demanda se basan en la complejidad de las sociedades, el poder de los recursos sindicales y de los grupos de interés, y la ideología marxista para justificar este fenómeno.

Teorías explicativas desde la perspectiva de la oferta de bienestar social

Estas teorías, pertenecientes a la «Escuela de la Elección Colectiva», se centran en analizar los «fallos del sector público» en la adopción de decisiones públicas, especialmente relacionadas con el comportamiento de políticos y burócratas. Argumentan que existen características estructurales, como la búsqueda de intereses propios por parte de estos actores, que influyen en el diseño de políticas públicas.

Según J.A. SCHUMPETER, los partidos políticos formulan políticas con el objetivo de obtener votos, no necesariamente para lograr objetivos preestablecidos. Esto puede generar una «ilusión política» entre los votantes, quienes perciben más claramente los beneficios de las políticas públicas que sus costos. Además, en períodos previos a las elecciones, los políticos tienden a implementar políticas expansivas para reducir el desempleo y aumentar el crecimiento económico, aunque esto pueda llevar a una posterior necesidad de políticas contractivas para controlar la inflación.

Autores como W. A. NORDLINGER, A. WILDAVSKY, J. M. BUCHANAN y G. TULLOCK resaltan el papel de la burocracia en el aumento del gasto público, especialmente en el gasto social, ya que poseen información privilegiada y pueden influir en los políticos. La estructura organizativa del sector público también influye en el crecimiento del gasto social, ya que una mayor descentralización puede generar duplicidades y falta de coordinación, así como una mayor disposición para atender todas las demandas de los ciudadanos sin preocuparse tanto por la financiación.

En conclusión, estas teorías explican cómo los fallos del sector público, influenciados por los intereses de políticos y burócratas, pueden llevar a una ilusión política y a políticas públicas que priorizan la obtención de votos sobre la eficiencia económica.

REFERENCIAS

  • Alemán Bracho. (2020). Políticas sociales : innovaciones y cambios (1st & #170; ed.). Cizur Menor (Navarra): Thomson Reuters-Aranzadi

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